miércoles, 1 de octubre de 2008

EL AJEDREZ: ESPEJO DE LA VIDA




Ambos genios de la literatura fantástica realista argentina, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, se inspiraron por el ajedrez, utilizándolo de imágen, analogía y modelo en sus obras. Este ensayo mostrará el impacto de este juego importantísimo a la cultura humana en la literatura, trazando su historia y unas apariencias significativas en la literatura hasta e inclusive a Borges y Cortázar mismos. También, se incluirá una referencia al uso paralelo del ajedrez en el arte de M. C. Escher.
No se saben con precisión los orígenes del juego de ajedrez. Como el sol, se originó en Levante y su popularidad circunnavegó el mundo. Es probable que la primera versión, Chaturanga, se inventara antes de 600 d.C. en China o en India y se diseminara con las peregrinaciones de los monjes budistas. Llegó a Persia donde se llamaba Chatrang y luego en árabe Shatranj. El ajedrez llegó a Europa por vía de tres rutas: la invasión de España y Sicilia por los musulmanes, y el Imperio Bizantino. Desde Europa viajó al nuevo mundo con los conquistadores. En el arte, la lucha maniquea que se representa entre los dos lados opuestos, blanco y negro o más sangrientamente blanco y rojo, se convierte en la analogía de una batalla, una guerra, la vida, la raza humana, el mundo, el universo, Dios y su poder. La importancia del ajedrez también se ve en el uso de su terminología fuera del contexto del juego en el lenguaje cotidiano. Es curioso que dos de los más importantes términos son negativos: stalemate (mate ahogado) y peón.
La primera mención del ajedrez en la lengua castellana aparece en la Disciplina Clericalis (s. XII) de Pedro Alfonso donde se contaba entre la lista de las siete cualidades del caballero perfecto. En el siglo siguiente, salió el mejor libro medieval de juegos, el Libro de acedrex dados e tablas (1283) de Alfonso X el Sabio, Rey de Castilla y León. En este manual ricamente iluminado de problemas, mayormente traducidos de obras árabes, Alfonso el Sabio manifiesta la importancia de este juego intelectual en su época. Por dedicar tanto esfuerzo en crear una obra tan bella y grande, sabemos que los juegos, y en particular el ajedrez, que ocupa la primera y mayor parte del tomo, eran de suma importancia para este rey medieval. La introducción nos explica que Dios quería que los hombres tengamos todo tipo de diversión y los problemas mismos del ajedrez nos indican que para Alfonso este juego intelectual era un reto que enseñó mucho más, por ejemplo, acerca de estrategias de guerra, de política, aún de vida. Las iluminaciones nos muestran que todos participan igualmente en el juego (como en la vida), nobles y pobres, hombres y mujeres, árabes y cristianos, viejos y niños. Con la dualidad típica de la Edad Media, Alfonso el Sabio, hacía un papel doble de translatio studii, tranfiriéndonos la sabiduria oriental y de darnos un símbolo para interpretar en el juego del acedrex.
Desde la llegada de ajedrez al Occidente, no ha dejado de incluirse en la literatura. The 64-Square Looking Glass: The Great Game of Chess in World Literature (Times Book, 1993), editado por Burt Hochberg, es un compendio de selecciones de literatura ajedrecista de muchos autores. Su tabla de contenido se lee como un Who’s Who de la literatura mundial. Algunos de los más famosos son Woody Allen, Poul Anderson, Fernando Arrabal, Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, Anne Brontë, Lewis Carroll, Ian Fleming, E. M. Forster, Thomas Hardy, Sinclair Lewis, Vladimir Nabukov, Ezra Pound, Alfred, Lord Tennyson, Miguel de Unamuno, y Kurt Vonnegut, Jr. Examinaremos de éstos a una serie de ajedrecistas que se influenciaron: Lewis Carroll, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. Lewis Carroll en su Through the Looking Glass (1871) planteó un juego anotado como base del libro entero. En la anotación, Alice figura como un peón blanco aunque al principio no está consciente de su papel. Indica también la notación que Alice puede ganar en once jugadas. Después de hablar con la Reina Roja, y otros personajes-trebejos, ella se da cuenta:
It’s a great huge game of chess that’s being played – all over the world – if this is the world at all, you know. Oh, what fun it is! How I wish I was one of them! I wouldn’t mind being a Pawn, if only I might join – though of course I should like to be a Queen, best.
La ingenua protagonista se convierte en trebejo, no sólo literariamente del autor Carroll, sino también literalmente en este juego de ajedrez vivo y de tamaño grande como se jugaba en las cortes reales en el siglo XV, y figurativamente como todos somos en el juego del mundo. Siendo niña e inocente lo ve todo como divertido y ella quiere jugar, aún si sólo puede jugar el papel de un peón, lo importante para ella es participar. Carroll convida a su lector a participar en el juego, dándole la notación del mismo y el desafío de tratar de jugar el papel de Alice, jugar como peón y ganar en once jugadas.
Para Borges, como para Bob Dylan ser peón se convierte en algo más frustrante, más siniestro. En mi opinión, Borges no se veía como jugador, se veía más bien como peón bajo poder ajeno. Los peones son los trebejos más numerosos y débiles. El peón, como se usa la palabra en lenguaje cotidiano, describe a una persona indefensa, sin importancia y que se sacrifica por motivos desconocidos al peón. Temió que al final su posición en el universo era una de stalemate, es decir que no podía ganar porque no era jugando sino jugado. En un par de sonetos, intitulados “Ajedrez”, Borges catalogó todos los elementos que le fascinaban sobre este juego intelectual.
En su grave rincón, los jugadores Rigen las lentas piezas. El tablero Los demora hasta el alba en su severo Ambito en que se odian dos colores. Adentro irradian mágicos rigores Las formas: torre homérica, ligero Caballo, armada reina, rey postrero, Oblicuo alfil y peones agresores. Cuando los jugadores se hayan ido, Cuando el tiempo los haya consumido, Ciertamente no habrá cesado el rito. En el Oriente se encendió esta guerra Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. Como el otro, este juego es infinito.
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada Reina, torre directa y peón ladino Sobre lo negro y blanco del camino Buscan y libran su batalla armada. No saben que la mano señalada Del jugador gobierna su destino, No saben que un rigor adamantino Sujeta su albedrío y su jornada. También el jugador es prisionero (La sentencia es de Omar) de otro tablero De negras noches y de blancos días. Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza De polvo y tiempo y sueño y agonías?Para Borges, todo lo referente al juego tiene su misterio, su importancia y su desafío, desde el simbolismo de los trebejos, el origen vago y atemporal en Asia, las cuadras innumerablemente reflejadas en su opuesto hasta, lo más importante, ¿quién juega a quién en este juego y en “el otro” juego de la vida?
En su artículo “El Manipulador manipulado: el determinismo ajedrecista en Borges” (Káñina, Vol. X (2) 1986, 29-33), Clark M. Zlotchew comenta que entre los jugadores oponentes de los cuentos de Borges “la lucha no se percibe como la que sucede entre las fuerzas del bien y del mal” sino que se percibe fría e imparcialmente “de la misma manera que el vencido de una partida amistosa de ajedrez pudiera hablar a su adversario”. El mismo título del artículo capta la esencia del poema comentado arriba – que el que manipula es en su turno manipulado por otro. Borges, autor, homo ludens juega con nosotros los lectores manipulándonos por lo que escribe mientras alude a otro poder creativo más grande que el suyo que lo manipula a él. Se siente atrapado en las reglas mágicas y adamantinas del juego/vida/universo y se siente sin libre albedrío. No obstante, al mismo tiempo se da cuenta de que un juego es un juego y hay otra perspectiva más grande.
Semejantemente Borges hizo muchísimas referencias al juego en sus cuentos y también se ve la inspiración del juego en la forma de sus argumentos donde protagonista y antagonista se ven como ajedrecistas oponentes. Refiere al juego en cinco de los ocho cuentos de El Jardín de senderos que bifurcan de Ficciones. El ajedrez aparece con frecuencia como símbolo en el género detectivesco, especialmente en las obras de Edgar Allen Poe. En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” Borges pinta a los creadores de nuevos mundos como hombres que juegan taciturnamente al ajedrez. La cita con que comienza Las ruinas circulares es de Through the Looking-Glass ya discutido de Carroll. En “El Jardín de senderos que se bifurcan” los protagonistas, uno del oriente y uno del occidente, se oponen en una batalla de ingenio muy semejante a un juego de ajedrez. Cada jugada que hace un jugador determina las opciones del otro, como los buenos ajedrecistas pueden adivinar los resultados de muchas jugadas ya por venir. Dentro del texto mismo, el autor nos dice que la clave es que es un juego. “En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez, ¿cuál es la única palabra prohibida?” En la segunda parte de Ficciones, Borges siguió el modelo de Carroll estableciendo el juego como base del cuento entero “El Milagro Secreto”. Un sueño de un partido de ajedrez se juega por generaciones de una familia que ya ha olvidado de que o por qué juegan este juego. En “La Secta del Fénix” nos dice claramente Orbis terrarum est especulum Ludi, es decir que la tierra es un espejo o un reflejo del (Gran) Juego.
Un artículo llamado “Chess and Mirrors: Form as Metaphor in Three Sonnets of Jorge Luis Borges” de Nancy B. Mandlove, que se publicó en el Kentucky Romance Quarterly (UA P1.K4) en 1980 posiblemente podría añadir a este estudio. Cortázar, en mi opinión, se ve más como jugador y buen jugador. Hace muchas referencias al juego como Borges, por ejemplo en el título de una colección de cuentos, Final del Juego. El final del juego, o endgame, forma una de las partes críticas del juego del ajedrez para ganar. También se usa el patrón de un juego de ajedrez para una trama como Carroll y Borges. En “Cartas de mamá”, el protagonista se da cuenta de que es como si jugara al ajedrez, pero no con una persona sino con tres o cuatro. Su oponente no es simplemente su mujer como creía, sino que también se le oponen su madre y su hermano muerto. Cada hecho de ellos se describe con la notación de ajedrez, tal como Carroll: “Peón cuatro rey. Peón cuatro rey. Perfecto.”, “Caballo rey tres alfil.”, y como Alice “Comprendió que a él le tocaba mover.”
Un artista contemporáneo a Borges y Cortázar, M. C. Escher también usó el ajedrez en su arte como símbolo, invitación a participar y desafío intelectual al observador. En su obra Metamorphosis II (1939-1940) hay una serie de cosas que se metamorfosean, un tema favorito de él y también de Cortázar como el cuento “Las armas secretas”. Empieza con la palabra metamorphose repetida como en forma de una crucigrama, que se convierte en un tablero de ajedrez, que se convierte en lagartos, que se convierten en hexagramas, que se convierten en panal, que se convierte en abejas, con se convierten en polillas, que se convierten en peces, que se convierten en pájaros, que se convierten en cubos, que se convierten en bloques, que se convierte en un villa en colina en la costa, cuyo mar es otra vez un tablero de ajedrez con trebejos. La muralla alrededor de la villa tiene un puente que conduce al roque blanco. Allá al final del largo dibujo el que lo mira se da cuenta de que a él le toca mover. Los otros trebejos mayormente están en el rincón del tablero donde los bordes del tablero se doblan y descienden hacia, supuestamente, la Nada. Otro carácter predilecto de Escher fue el jinete, como el caballo del juego de ajedrez. En su obra Jinetes que está pintado en la forma infinita de un mobius strip (cinta de moebius), el jinete blanco y el jinete rojo se repiten y se cruzan hasta formar el tablero mismo en el centro imposible pero teorético o visual. Elaboró este tema en otro dibujo más grande únicamente de su enlace. En el uso del ajedrez y de otras imágenes como los espejos, las metamorfosis y trucos para jugar con la perspectiva y percepción de su público, Escher y Borges se parecen mucho.
El juego del ajedrez fascinó intelectualmente tanto al homo ludens Borges y su discípulo Cortázar como a Carroll, Escher y tantos otros. En el ajedrez yace un problema eterno para los hombres que nunca se resuelve dos veces de la misma manera. Se dice que en toda la historia nunca se ha jugado dos veces el mismo juego como nunca se vive la misma vida. En la antigüedad como en la fantástica modernidad, el ajedrez nos inspira a contemplar el Gran Juego.