martes, 11 de noviembre de 2008

La tendencia que tenemos a buscar lo que nos falta y no ver lo que tenemos


Muchas veces resulta complicado tratar de definir una palabra. Uno de esos casos podría ser el de la palabra “felicidad”. Si miramos en diferentes medios, ya sea internet o algún diccionario o enciclopedia, las definiciones que nos aparecerán serán muy variadas. Y si pedimos a diferentes personas que nos digan qué es para ellos la felicidad, dado que cada persona es única, nos darán tantas y tan diferentes definiciones como personas.

Por lo tanto no voy a proponer ninguna definición, ya que todo el mundo sabemos de qué estamos hablando. Lo que sí que es cierto es que todo el mundo desea ser feliz. Y por supuesto, parece ser un deseo exclusivamente humano.

Lógicamente la felicidad es un sentimiento, y como tal podemos hacer más de lo que pensamos por obtenerla, aunque hay gente que piensa que no puede controlar ni lo que siente ni lo que le ocurre y, por consiguiente, no son dueños de su propia felicidad. Por lo tanto, partiremos de la premisa de que en gran medida somos nosotros mismos quienes determinamos nuestra felicidad, aunque por supuesto tenemos que tener en cuenta otros muchos factores que no dominamos. Es cierto que en la vida diaria la mayoría de las personas aparentamos no tener problema alguno. Y así a la pregunta de ¿Qué tal estás? O ¿Cómo van las cosas? todos respondemos “bien” o “muy bien, gracias”. Simplemente se trata de una respuesta automática, que no ahonda más en el asunto. Tenemos una tendencia que parece nos empuja a sabotear nuestra propia felicidad, para eso nos fijamos en la más mínima imperfección, en vez de fijarnos en el escenario en general. Tenemos cierta tendencia a centrarnos en lo que falta o no nos agrada, en vez de fijarnos en todo lo demás. A menudo afirmamos que lo que creemos que nos falta, resulta ser el rasgo más importante. Así que ante esta situación disponemos de tres opciones: obtenerlo (siempre y cuando nos sea posible), olvidarlo (si no es fundamental del todo) o sustituirlo (por algún otro que sea alcanzable y que nos satisfaga igualmente). No cabe otra posibilidad, ya que de lo contrario seguiremos centrados en ello. Es importante tratar de localizar o identificar qué es lo que nos falta, o lo que nos impide disfrutar de la felicidad, y una vez lo hayamos identificado, tomar una decisión al respecto que nos compense.

Por eso es muy importante aprender a centrarnos y valorar aquello que tenemos, en nuestro camino hacia la felicidad. Y tratar de mejorar aquello que nos impida lograr ese objetivo. Por poner un simple ejemplo con cada una de ellas, les hablaré de tres casos concretos. En el de obtenerla, les voy a contar el caso de mi amigo Jorge, que a los 14 años abandonó los estudios sin haber obtenido el graduado escolar. Se puso a trabajar en la empresa familiar como vendedor. Sin embargo conforme fue creciendo, el hecho de no tener el graduado digamos que le perseguía, sentía que algo le faltaba. Así que con 35 años decidió apuntarse a clases nocturnas para obtener el título. Tras 2 años combinando trabajo y estudios obtuvo el ansiado graduado escolar. Fue muy afortunado, ya que pudo determinar qué era lo que le faltaba y con mucho esfuerzo lo consiguió.

En el que se refiere a sustituirla, todos a lo largo de nuestra vida hemos sustituido alguna cosa, bien consciente o inconscientemente. En este caso me viene a la cabeza el caso de un conocido mío, que tras practicar fútbol durante más de 15 años con verdadera pasión, sufrió dos importantes lesiones de menisco que le impedían seguir jugando. De tal modo que lo que hizo fue sacarse la licencia de entrenador, que aunque la satisfacción no era igual, pero le ayudaba a no centrarse en su lesión y seguir disfrutando de ese mundo.

Y ya por último la idea de olvidarla, la relacionaría con la época en la que me divorcié. En aquel entonces, mi hija tenía 8 años, y decidimos que la custodia fuera compartida, ya que considerábamos que era la mejor opción para ella, nuestra hija. En su momento cuando llegaba la hora en la que debía ir con su padre, no me sentía muy bien, me quedaba un vació muy importante. Es por eso que me vi obligada a olvidarlo, tratando de disfrutar al máximo los ratos que pasábamos juntas. Si no toma una de estas tres opciones, permitirá que esa situación le haga infeliz.
Por Blanca Valencia